Cristo, Nuestra Esperanza Inconmovible

Tuve la bendición de crecer en un hogar cristiano donde día a día mis padres me enseñaron a amar a Dios por sobre todas las cosas. Me enseñaron a escudriñar y amar su Palabra, y gracias a su diligente labor y modelaje, pude desarrollar un amor por la lectura de la Biblia a temprana edad. Evidencia de ello es que en los videos familiares que mi papá grababa, mientras mis hermanas salen jugando por toda la casa, yo me encontraba en mi cuarto leyendo la Biblia. Gloria a Dios por eso.

Firmemente puedo decir que  Dios habló e impactó mi vida en cada página que leía. Yo creí todo lo que la Palabra decía y atesoré cada promesa en ella. Sin duda alguna, a lo largo mi vida esas promesas fueron cobrando sentido en cada circunstancia que se avecinaba, tanto en la alegría como en la tristeza. Si supieran el dolor al que he sido sometida, cuantas dificultades he enfrentado, y Dios me ha levantado de todas ellas. Su palabra me ha confortado en cada lagrima que he derramado porque eso es lo que promete y eso es lo que ha cumplido.

Está de más decir que este 2020 no ha sido el mejor año para muchos. Se nos vino una crisis que no esperábamos, donde la salud y las finanzas fueron golpeadas en cada familia de nuestra nación y el mundo. Pero hoy quiero contarles cómo Dios, a través de mi historia, esta llevándose la gloria. No es fácil escribirlo en este momento, lo hago con un nudo en mi garganta y con lágrimas en mis ojos, pero lo confieso por fe.

Durante esta crisis del covid-19, mientras me encontraba resguardada y aparentemente segura en mi hogar, llegó una de las más fuertes pruebas que he vivido hasta hoy, mi mami enfermó de covid. No pretendo ahondar en los detalles, pero fue ingresada al hospital con problemas respiratorios y necesidad de oxígeno.

Puse en práctica todo lo que se me enseño de pequeña: la intercesión, la confesión y confianza en las promesas de la Escritura, y estas promesas que tanto leía tomaron fuerza en mi vida. La situación no era nada alentadora pues el cuadro clínico empeoraba cada día, y así la carga, pues la impotencia aumentaba por no poder estar con ella en el hospital para animarla, fortalecerla o darle un abrazo. Aparte de eso, tenía un esposo y un hijo que atender, un trabajo que no podía olvidar y mi corazón como hija se dolía mientras clamaba misericordia al único Dios que podía hacer algo.

Los ayunos y las oraciones en la madrugada comenzaron a ser parte de mi vida, pues era lo que sabía hacer; era lo que mi madre, por la que clamaba, me había enseñado a lo largo de mis 33 años de vida. En ese tiempo siempre creí que el panorama iba mejorar, mi fe en el Dios sanador aumentaba en las oraciones y siempre sentí a Dios presente conmigo.

Sin embargo, los planes de Dios eran otros. El lunes 17 de agosto, Dios decidió llevarse a mi mami a sus 52 años….si, tenía mucha vida por delante, nietos que seguir disfrutando y a sus tres hijas que seguir amando y enseñando. Mi corazón se quebró desde ese momento. Las promesas que tanto leí se nublaron, el dolor es tan grande que sentía que perecía y muchas preguntas comenzaron a surgir. Ese no era ese el final que yo esperaba, de ninguna manera. Me aferré a la sanidad pero Dios dijo lo contrario.

El vacío que deja la partida de mi mami es muy grande en mi corazón porque ella era una madre excepcional, pero aun en medio de este panorama nublado para mí, sin respuestas, con un silencio rotundo ante mis preguntas, en este duro desierto, han surgido pequeños manantiales de verdad que hasta hoy me mantienen de pie,  y deseo compartirlas contigo:

  • Dios no miente. Él ha prometido estar con nosotras. Estaré contigo; no te dejare ni te abandonare (Josué 1:5).
  • Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados (Mateo 5: 4).
  • Te fortaleceré, ciertamente te ayudare, Si te sostendré con la diestra de mi justicia (Isaías 41:10).
  • El Señor será fortaleza en el día de la angustia (Nahum 1:7).
  • Dios es nuestro amparo y fortaleza, pronto auxilio en la tribulación (Salmos 46:1).
  • El Señor ha sido mi baluarte, y mi Dios la roca de mi refugio (Salmos 94: 22).

Ante las dudas que venían a mi mente, lo único que las ha podido vencer son las promesas de la Escritura. No ha dejado de doler, pero estoy segura que todos estos años atrás, donde fui expuesta a la Palabra, Dios preparó mi corazón para este tiempo y otros que quizá vendrán. Solo su verdad me ha sostenido, saber que está conmigo me alienta, aunque me sienta la mujer más débil.

Estoy de pie creyendo en la esperanza inconmovible, Dios no hizo el milagro de sanar a mi mami pero Él hizo, está y seguirá haciendo otros milagros. Quizá no los veo ahora pero por fe están ocurriendo, solo es cuestión de fe querida hermana. Hebreos 11:1 nos dice: “Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Dios sabe lo que hizo, por qué lo hizo y para qué lo hizo. Aunque me siga provocando dolor, se necesita fe para creer que Él sigue siendo bueno en medio del sufrimiento que atravesamos.

¿Cuántas de ustedes se han sentido agobiadas, turbadas, débiles, vencidas por ciertas pruebas, así como yo me he sentido? Este mundo caído trae consigo dolor, y Jesús nos lo recordó, que “…en el mundo tendréis aflicciones, pero CONFIAD, Yo he vencido al mundo”. Quizá en muchas ocasiones dudamos, y está bien, somos humanos con una naturaleza pecaminosa, pero es en esos momentos de duda donde cobra más sentido la fe, porque es donde la ejercitamos.

Estando en el valle de angustia y dolor le podemos decir: “Dios, no te puedo ver, no te puedo sentir, pero sé que estas aquí, sé que no me has dejado, no me has abandonado, no estas ajeno a mi dolor. Estas obrando, sé que estas obrando y solo Tú en medio de este valle sin salida eres mi Puerta de Esperanza¨

No sé lo que me traerá el mañana, no sé si vendrán más pruebas, pero lo que si sé, querida hermana, es que Jesús estará presente en todo momento, y que solo en Él tenemos una esperanza inconmovible. Solo hay un Dios, un Rey Soberano, una Roca que es eterna y nos sostiene, CRISTO JESUS, y debemos refugiarnos en Él sabiendo que en su momento Él nos confortará y enjugará nuestras lágrimas y cambiara nuestro lamento en baile. ¿Qué te parece si transitamos juntas este camino de fe?

AUTHOR: Vida a Color
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