Navidad: Dos Hermosas Realidades

La Biblia no menciona detalles acerca del tiempo de embarazo de María, pero podemos hacernos una idea de las emociones de asombro y felicidad que seguramente llenaron las mentes y corazones de José y su esposa. Aun cuando su concepción fue un milagro, y la idea del Mesías viniendo a la tierra era increíble, no creo que el gozo de ser padres haya estado ausente. Siendo seres humanos como tu y yo, también esperaban ansiosos su hijo.

Por un lado, la noticia que el ángel dio a María era espiritualmente sobrecogedora. Imagina llevar tu vida día a día, con las alegrías y desencantos de este mundo, cuando de pronto te informan que has sido escogida por Dios para traer al mundo a Jesús, quien salvará a su pueblo de sus pecados. No alcanzó a imaginar la impresión, devoción, adoración, temor y reverencia que esto debió causar.

Imagina a una mujer judía tratando de entender que ella sería el instrumento de Dios para traer al Mesías Rey que tanto habían esperado. ¡Creo que no existen palabras que podrían describir los sentimientos y emociones que debió tener!

Sin embargo, ni José ni María eran seres especiales, sino simples humanos que habían encontrado gracia delante de Dios. María llevó a Jesús por nueve meses en su vientre. José los cuidó y protegió todo el tiempo. El deseo de verlo por primera vez, que tome tu dedo con sus deditos, esperar que abra sus ojos, sostenerlo en los brazos, todo eso era parte de lo que ellos esperaban. El hecho que Jesús fuera Dios, no quito el hecho que fuera su hijo.

Con ese bebe, ellos tuvieron sentimientos encontrados, ¡y así debe ser! El nacimiento de Cristo debería llevarnos a todos a las mismas sensaciones y sentimientos. Su nacimiento está conectado con su muerte. El anuncio de su venida con su ministerio en la tierra. Su divinidad y humanidad están juntas en una sola persona.

Navidad es el tiempo en que recordamos que Dios Hijo se hizo hombre con un propósito: reconciliarnos con el Creador de todo. Santo, Fuerte y Temible, ningun ser humano jamás ha sido digno de estar delante de Él. Su Pureza y Justicia nos hace dignos de ser destruídos, pero Cristo ganó con su vida, muerte y resurrección, el poder entrar ante el trono de Dios con confianza y sin temor. Entramos con reverencia, pero también con la paz que podemos estar delante de Él por lo que aquel niño anunciado a María hizo.

Pero no solo nos dio entrada ante el Ser Supremo, sino que nos dio potestad de ser hechos hijos de Dios. No solo entramos con confianza, sino con familiaridad de ser aceptados y amados por el Padre. No solo entramos ante su trono, sino a su familia. Aquel bebe anunciado a María nos mostró el verdadero amor, más alla de los límites del amor humano, un amor incomprensible para nosotros, el cual no merecemos, pero que ahora tenemos.

La espera del nacimiento de Jesús causó en María sentimientos encontrados. Por un lado, reverencia, asombro y agradecimiento por traer a Dios mismo a nacer en la tierra, por otro, gozo y amor por su hijo y su familia.

Así como ellos, también nosotros debemos vivir con sentimientos encontrados la Navidad. Por un lado, asombrados que ese niño era la única esperanza para poder ser reconciliados con Dios. Sin Él, nadie podría presentarse ante el único y verdadero Dios y Rey. Por el otro lado, asombrados que ese niño era la única esperanza para ser parte de la familia de Dios. En Él, ahora estamos en el hueco de la mano del Padre, amados y protegidos para siempre.

AUTHOR: Tomás Quintanilla
No Comments

Leave a Comment

Your email address will not be published.